Verano del 94

Qué bonito aquel verano del 94 cuando fui a verte por primera vez, después de haber hablado interminables veces por teléfono y por carta. Esas cartas perfumadas con tu olor y que aún hoy conservo, junto con las fotos que me enviabas posando para mí. Recuerdo desear sentir ese perfume y desear olerlo en tu piel, ver aquella maravillosa sonrisa y esos ojos color canela que siempre parecían que miraban desconfiados en las fotos y que más tarde confirme que era solo en las fotos y en nada más, porque tu mirada era radiantemente eufórica. Recuerdo decirte, que al día siguiente iría a recogerte al trabajo. Por aquel entonces, no había ni wasap, ni facebook ni tanta tecnología que matan las palabras escritas en papel. Y allí me presente, a la salida de tu trabajo. Era impresionante verte caminar. Como tu melena se movía mientras corrías hacia a mí para darme nuestro primer beso. Un beso magnifico que nos trasladó a otra esfera. Acariciabas mi pelo mirándome a los ojos con mirada de niña sorprendida. Pensabas que nunca me atrevería a hacer aquel primer viaje. Montamos en mi coche y nos pusimos en marcha sin dejar de sonreír y de echarnos miradas cómplices. –¿Dónde vamos?? te dije. -a un sitio, déjate guiar. Respondiste. Fuimos dirección a la costa y después de meternos por varios caminos, llegamos a uno por el cual no sé podía continuar. Te acercaste me besaste y me susurraste al oído..- quiero que esta primera vez sea especial. Cogimos las toallas y nos alejamos del coche por un pequeño camino de piedra rodeado de árboles. Al final del camino vislumbre una preciosa cala, y junto a ella, un castillo. Nos tumbamos en la arena y como aún era de día, nos empezamos a besar, a descubrir nuestros cuerpos para que se broncearan con los últimos rayos de sol. Besaba tus hombros a la vez que te quitaba la arena. Me sentí perplejo al notar tus manos acariciar mi sexo, el cual reaccionó rápidamente al estímulo. Te abalanzaste sobre mí para pegarnos y llenarnos nuevamente de arena dé arriba abajo. Jugando, sin llegar a estar desnudos completamente, nos lanzamos al agua. Casi no quedaba nadie en la cala y el agua templada del mar fue robando la arena que teníamos en nuestros cuerpos. Te subiste a mi cintura y me besaste de nuevo pero esta vez más apasionadamente. Te cogí por la tuya para jugar dando brincos en el agua. Dábamos giros, reíamos, nos acariciábamos, sentíamos nuestras lenguas saladas por las leves olas de mar. Solté tu bikini rojo y empecé a besar tu pecho desnudo. Recuerdo desearlo muchas veces en las fotos que me enviabas. Salimos fuera del agua para quitarnos los pantalones de lino blanco que llevábamos los dos, puesto que habíamos coincidido hasta en eso. Te quitaste el tanga y yo como ya sabias, no usaba ropa interior así que no me hacía falta quitarme nada más. Dejamos la ropa junto a la orilla, mientras las pocas personas que quedaban iban desapareciendo de la cala. Nos fundimos con el mar, desnudos completamente. Nadábamos peleándonos, besándonos, pellizcándonos y ya cansados de excitarnos te acercaste con una mirada que jamás había visto. Una mirada enloquecedora que jamás olvidaré. Te volviste a subir a mi cintura y agarrándote a mi cuello cogiste mi sexo y lo colocaste hacia el tuyo. El mar nos mecía. Nos acompañaba en el compás de aquella canción de sentimientos de mutuo deseo, mientras poco a poco todo mi amor iba fusionándose con el tuyo. Me privaste del sentido de la vista al cerrar mis ojos con tu pequeña mano y nos dejamos llevar. Las olas ayudaban a que subieras y bajaras por mi miembro. Jamás había hecho algo igual en el agua. Me susurrabas “te quiero, no me dejes nunca” a la vez que yo te decía que en esta vida y en la otra jamás te podrían separar de mí. Te agarrabas con tus manos a mi cuello y te dejabas caer hacia atrás para sentir por toda tu vagina, mi sexo ardiente. La corriente nos arrastraba hacia las rocas. Te senté en un pequeño escalón liso y desgastado, abrí tu pierna, cogí tú pie con mis manos, lo besé. Besé tú cuerpo desde el tobillo hasta la rodilla y busque tu sexo salado, húmedo, tierno y caliente. Besé tus labios, los metía en mi boca y con ternura los estiraba, para ir apartándolos y después lamerlos con mucho cuidado. Tu cuerpo sentía las cálidas olas y tú disfrutabas de ellas y de mi lengua. Apretabas los muslos y gemías de locura. Acariciabas tus pechos salpicados por el agua del mar. Acariciabas tu clítoris, mientras yo jugaba con mi lengua dentro en ti. Te incorporaste y te bajaste de la piedra. Aprovechando una ola, introduje mi pene en ti. Te apreté contra las rocas. Y comenzamos a movernos con un ritmo acompasado por el chocar del mar contra nosotros. Apreté tu culo con fuerza, sintiendo como mi cuerpo quería explotar de gozo. Tu pelo rubio estaba mojado ya. Te baje de mi cintura y te di la vuelta te coloqué contra la rocas. Eras mía y yo manejaba ahora la situación. Obedecías mis órdenes. Abriste tus piernas para dejar entrar todo mi pene en ti. Te agarre de cuello y giré tu cara para poder besarte, mientras no dejaba de metértela más profundamente. Y cada vez más rápido. No había descanso en aquella lucha cuerpo a cuerpo. Extasiada, agarrabas fuertemente las rocas. Querías sentir como mi cuerpo se abalanzaba sobre el tuyo. Cada penetración era más profunda, más intensa. Cada pelo de nuestro cuerpo estaba erizado. Notábamos la llegada del climax cada vez más cercana. Fuertemente, agarre tu cintura, marcando tú fina piel morena. No podía aguantar más. Te embestí como un animal. Movías tu cuerpo apretándolo con el mío, haciendo círculos con tus caderas, para que no la sacará y me corriera dentro de ti, porque deseabas darme ese placer que solo los verdaderos amantes comparten….mmmmm…y caí sobre tu espalda a la vez que echabas tus manos hacia atrás para acariciarme. Te diste la vuelta nos besamos abrazados, sintiendo como el agua salada daba sabor a nuestros besos, ya relajados y suaves. Nos mirábamos a los ojos en cada beso, diciéndonoslo todo, sin querer separarnos jamás. Siempre te querré.
Redactado por;
Ainhoa elbesovertical y K. Grody
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