las bolas de la presidenta

Llegamos a nuestro destino un lunes por la tarde. El hotel era impresionante, lamparas de lagrimas colgaban de sus altos techos, decorando así un hall inmenso de mármol negro. A la izquierda una barra de madera de roble. Como siempre hacíamos cuando teníamos cumbre de la Otan, cogimos una habitación, a las afueras de la ciudad.  Hicimos el amor loca y apasionadamente durante los tres primeros días. La tercera noche, decidimos ir a bailar. Sentado en un sofá rojo del fondo de la discoteca del hotel, observé que mi acompañante alemana, miraba a una joven que estaba sentada en un taburete alto de la barra. Tenía un cutis blanquecino y el pelo sujeto a un lado con un lazo rosa. No quitaba los ojos de ella así que le pregunté qué era lo que ocurría. Mi sorpresa fue extrema cuando escuche su contestación. – “esa chica me pone cachonda. Parece tan ingenua que me inspira confianza. Acércate a ella cariño, e invítala a sentarse con nosotros”_ me dijo. Fui hacía ella, hablamos un instante y sin titubear por mi invitación, se acercó conmigo hasta el sofá donde las presente y pudimos seguir con la conversación y la copa que había pedido. Hello Kitty, que así se llamaba, era una joven americana de cutis fino muy cuidado y una cara redondeada. Sus ojos eran oscuros y grandes, como una noche de invierno y su acento americano invadía los sentidos eróticos de cualquiera que la escuchara. Comenzó a sonar música disco y salimos los tres a bailar a la pista. Mi rubia acompañante se acercó al oído de nuestra nueva amiga y rieron durante un rato. De sopetón, empezaron a besarse. Yo me quedé atónito viendo como la lengua de Hello kitty, jugaba con la lengua de la presidenta. – “Cariño no me creo que no te hayas dado cuenta de que es lesbiana, pero en cuanto se ha sentado con nosotros me ha mirado los pechos lascivamente. Y ahora deseo follar con ella…-” Contesté con un asentimiento ya que lo había sospechado, y me puse caliente al escuchar aquellas palabras brotando de la boca de la rubia, y pensar en poder verlo. Pero me preocupaba el hecho de solo mirar. En ese instante habló la gatita americana, como si hubiera oído mis pensamientos. – “nadie te va a dejar solo. Quiero que disfrutemos los 3 juntos-” y eso me puso aún más cachondo.
Subí a la habitación sin pensármelo dos veces, disfrazado con una gorra negra y tapándome la barba con la bufanda para que nadie me reconociera. A la media hora llegaron las dos juntas. Yo ya me había duchado y estaba tumbado en la cama acariciendo  mi pene suavemente. Mi amante rubia de pelo corto, se quito toda la ropa y se arrodilló para desnudar a su nueva amiga. Sinuosamente la movió hacia el sinfonier que había frente a la cama abrió sus piernas, se arrodilló de nuevo he introdujo la lengua en su vagina, subcionando todo su sexo. La imagen desde  mi posición era fantástica. Veía como la americana se retorcía de placer apoyando su cabeza contra la pared gimiendo sin cesar. Después de varios minutos de placer, se bajo del mueble y se deslizó de rodillas por la cama. Agarro  mi duro pene y empezó a comerlo, moviendo su lengua de forma magistral , mientras mi amante siguió los pasos,  comiendose aquel coño húmedo. Al poco rato mi amante cogió de su maleta unas bolas, unidas con un suave y rígido cordoncito.   Le pregunté que eran aquellas 5 bolas, a lo que ella contestó, que era algo con lo que Hello kitty y ella iban a disfrutar. Me pidió que me acostara en la cama y ella se subió sobre mí. Me cabalgó con ritmo frenético. Estaba que no aguantaba más de la tremenda excitación. Con el rabillo de ojo, vi que la gatita de cutis blanco, se acercaba a la rubia y besaba su espalda a la vez que acariciaba sus pechos, para ir bajando justo hasta su ano. Lo comenzó a besar. La presidenta, gemía y jadeaba de placer por mi pene dentro de su coño y aquellas lengüetadas que le estaba dando a su culo. untó con caricias el ano de mi amante, y empezó a meterle las bolas. Mi amante, pegaba gritos de dolor y se retorcía de placer cada vez que le metía aquellas bolitas en su culo, haciendo que tuviera un largo orgasmo. Nuestra nueva y excitada amiga, se colocó sobre el colchón a cuatro patas, y me suplicó que la penetrase. No lo pensé ni un segundo y empecé a darle, mientras mi acompañante se ponía por debajo de ella y empezaba a disfrutar de sus pechos. Le di tan fuerte y rápido que no aguanté más y me corrí, llenándola. Al terminar, ella se acostó. La presidenta se arrodillo delante de ella y comenzó a disfrutar de su maravilloso y sonrosado coño, hasta que nuestra nueva y cachonda amiga se corrió en un largo orgasmo. Mi amante me dijo que quería más de mí. Empezó a besármela y chupármela, jugando con mis huevos, hasta que se puso de nuevo dura. Se colocó a cuatro patas y penetré en ella notando su humedad. Cuando sentí que estaba ya muy excitada, Hello kitty decidió que era el momento de sacar una a una las bolas que aún permanecían hundidas dentro del ano de mí amante. Esta a su vez, daba grandes gemidos de placer mientras salían las bolas y yo seguía dentro de ella, moviéndome sin parar. Al sacar la última bola, que era la más grande, vi que el agujero estaba muy abierto, y sin pensármelo dos veces, saque mi pene y se la metí en aquella profundidad oscura que apretaba mi pene con fuerza. Ella nada más sentirlo, dijo entre gemidos que le encantaba. se levantó y fue al baño a limpiar las bolas, para después tumbarse junto a nosotros y empezar a introducirlas en su vagina, estremeciéndose de gusto. Coloqué a mi amante en el borde de la cama como la americana me sugirió, para que ella pudiera lamerle el clítoris, mientras yo la penetraba analmente. En un breve momento mi amante tuvo un larguísimo orgasmo con grandes gemidos de placer. Mientras yo seguía dándole por detrás. Hk, se volvió a acostar y mi amante comenzó a sacarle las bolas de su vagina coño con su boca mientras lamía su clítoris, esto me excitó tanto que me volví a correr gimiendo como nunca antes había experimentado. Mientras nuestra nueva amiga temblaba de placer al salir las bolas de su coño, teniendo un profundo y sentido orgasmo. Los tres terminamos acostados sobre la cama, exhaustos, pero plenos.
Al despertar, la americana ya no estaba en la habitación del Hotel. Dos horas después cogí el primer avión con destino a España. Despidiéndome con un apretón de manos de mí amante alemana.

😉

Ainhoa Elbesovertical
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