Aún no me explico, porque cuando vi tu foto en aquel comentario, desee conocerte. Solo sé que algo dentro de mí me dijo que podías llegar a ser algo más en mi vida. Y solo por un simple comentario sobre el amor. Creo que era porque no estaba pasando por uno de mis mejores momentos sentimentales. Y deseaba estar con alguien que fuera capaz de quererme y decirme esas palabras todas las noches. Contesté a tu comentario y sin darme cuenta, ya éramos amigos. La primera noche que hablamos, mientras tú desatendías tus máquinas, no tuve ningún pudor en decirte que conseguiría conquistarte. Y te aseguro que este no es mi estilo. Enseguida me di cuenta de que eras un hombre muy inteligente. Tienes alma de humorista, porque en cada frase que yo escribía, encontrabas algo de que reírnos. Cauto en tus palabras para no parecer grosero. Y es que opino, que de esta manera, hablando por chat, es incómodo para la vista y la mente, tener que leer ciertas palabras.
Nos contamos mutuamente los pesares del corazón que habían hecho que este se rompiera en mil pedazos. El tercer día que hablamos lo hicimos durante casi 6 horas, que se me pasaron volando. Que noche más maravillosa. Sentada en el suelo de mi comedor, rodeada de velas y con un café colombiano, porque como dices tú, soy una "sibarita”. No paraste de hacer comentarios graciosos de los que disfrutábamos los dos. Bueno yo más, porque hiciste que se me olvidará todo. Me dijiste…”ten cuidado, porque quien te hace reír, puede llegar a enamorarte”. Y es cierto. Además soy de enamoramiento fácil. Así que tienes todas las papeletas, para conseguir de mi lo que quieras. Eres un caballero. Me ayudaste a subir a la cama, donde hacía ya semanas que no dormía, a causa de mi mal de amores. Y me arropaste con una frase preciosa. Y a pesar de que es imposible soñar con alguien que no conoces físicamente, yo soñé contigo. Un revelador sueño, que me hizo dar el paso de pedirte que quedáramos para tomar una copa. Necesitaba conocerte ya. Necesitaba ver esos ojos que en invierno son de color marrón marengo. Y no quería que pasara el tiempo y llegará el verano, porque verdaderamente no conozco ese color. El Viernes me dijiste que sí. Esa misma noche, nos vimos por primera vez, en el parque donde solías ir a pasear. Y descubrí que no solo eres inteligente, cortés y encantador, sino que además eres atractivo… tienes algo que me hace pensar que te conozco, pero aun no sé de qué. Tomamos unas copas de vino, mientras reíamos entre sorbo y sorbo. Y cuando me quise dar cuenta, estaba besando tus labios con pasión. Tu boca y el vino, ahora son mis dos placeres preferidos. Me humedecí, solo de pensar que en algún momento de esa noche tú estarías dentro de mí y no pude contener mis ganas de sentirte dentro, así que me levanté, y te susurre al oído que te esperaba en el coche. Lo primero que hiciste al montarte, fue lamerme con pasión los labios. Me los mordiste y chupaste. Jugabas con mi piercing, mientras te acariciaba el torso y el pene, suavemente, notando como se endurecía. Con cuidado me soltaste la camisa y comenzaste a besar mi cuello, metiendo tu lengua entre mi pecho y el sujetador. Tumbé tu respaldo, y me subí la falda de tubo. Y recordé que cuando me vestía, había decidido que esa noche no me pondría tanga … tu no parabas de besarme el cuello, las manos, los hombros. Me derretía en tus manos, como si fuera arena que se escurre entre los dedos…me subí sobre ti, poniendo mis pies a cada lado de tu cintura y coloque mis manos en el asiento trasero para que pudieras dar rienda suelta a tu imaginación. Mi culo casi pegado al techo… tu lengua comiéndome entera…acariciando a lenguetadas suaves mi delicado clítoris, sorviendolo, disfrutando de su dulce sabor. Soltaste tu cremallera y sacaste tú miembro, duro, erecto. Te sonreí picaramente y me senté sobre él, haciendo que tu primera entrada en mi cuerpo, nos estremeciera a los dos…apenas teníamos espacio para movernos. Era muy morboso vernos retorcidos, agarrados a cualquier saliente. A los reposa-cabezas, al salpicadero, la volante. Buscaba cualquier forma de sujetarme y no perder ese ritmo tan fantástico que me llevaba a arañarte apasionadamente...a besarte... a gemir como nunca antes lo había echo... a escucharte como me susurrabas al oído que no parase ….nuestros profundos y lentos gemidos de placer sonaban como uno solo, fuerte y potente como la sensación de tenerte dentro de mi...y esto solo hizo que me despertase cachonda y demasiado húmeda como para desaprovecharlo. Y como no estabas conmigo en la cama donde hacía varias horas me había despedido de ti, decidí masturbarme sintiendo tus manos sobre mi piel aceitunada.. viendo tu cara en mi mente…porque por ahora es lo único que conozco de ti.
 
Ainhoa El Besovertical
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