Comiendo con mi jefa

Hay días en los que se viven situaciones que parecen sacadas de una película, pero son reales,nos pueden suceder a cualquiera de nosotros y eso hace que nuestra vida sea más interesante,intensa, a la expectativa de cuando puede ser ese día. Y yo aún no me lo creo, me parece un sueño, irreal, pero, ¿cómo puede haber sido un sueño si aún tengo sus marcas en mi piel? Era un día de lluvia, un día gris de esos en los que te encierras bajo el paraguas y ni si quiera miras con quien te cruzas. Caminaba con prisa, había quedado para comer y llegaba tarde. Como siempre las calles estaban llenas de obras y había que pasar entre unos andamios para seguir la calle dirección al restaurante.
Maniobré e intenté torcer el paraguas lo suficiente para no comerme a nadie, pero como es habitual siempre encuentras alguien que no lo hace y te lleva por delante, y así fue… Su paraguas fue directo a mí, con tanta fuerza que resbalé. Era lo que me faltaba ir con prisa y acabar mojada en el suelo en mitad de la calle. Levanté la cabeza con furia, puesto que la mala leche me hervía por dentro, alcé la mirada dispuesta a poner a caldo al culpable de mi desgracia, y según abría la boca se me iba paralizando todo músculo de la cara… ¡Qué ojos! Dios mío, con esos ojos no había quien dijera nada. Unos ojos semi rasgados, con un toque oriental pero redondos y verdes, una mirada seductora sin intentarlo, natural, de esas que te hipnotizan sin darte cuenta. Antes de que abriera la boca se agachó y me tendió su mano, se disculpó y me ayudó a levantarme mientras yo sólo podía dejarme llevar y recorrer con mis ojos todo su rostro. Tenía una piel lisa, aceitunada, sin una imperfección. Unos labios gruesos tanto el superior como el inferior, labios que te invitan a morder y destrozarlos ya desde el primer beso. Una nariz pequeñita y redondeada dando a su cara una expresión amable, tierna. De sus orejas colgaban unos largos pendientes a lo largo de su cuello llamándote a lamerlo con intensidad desde el hueco de la clavícula hasta el lóbulo de la oreja. Se sentía culpable y sin darme cuenta me abrazó para evitar que cogiera frio y me trasladó hasta un portal cercano donde se encontraba su casa. Subimos, yo aún medio atontada por todo lo que estaba pasando y entramos en su piso. Me ofreció una manta y se fue en busca de algo seco para ponerme. En escasos minutos apareció aun más impresionante, excesivamente sexy, cada movimiento según venía caminando era más y más sensual, el contoneo de sus caderas bailaba a un ritmo que sincronizaba con mi respiración. Traía un camisón blanco, medio transparente, con unos tirantes finitos que dejaban a relucir unos hombros perfectamente redondeados, un camisón cortito, tapando justo las nalgas, dejando incluso ver algo en algún movimiento, lo justo para enganchar tu mirada y no soltarte. Un cuerpo delgado, pero lleno de curvas, con un escote brillante, notable pero no exagerado, fabricado perfecto para el tamaño de mis manos. Unas caderas pronunciadas que se hacían notar a través del camisón. Una curva llamativa al bajar por la espalda y encontrarte con sus glúteos, dos firmes músculos trabajados por el deporte o un milagro de la naturaleza, pues desafiaban fielmente a la gravedad. Se presentían duritos, redondeados y firmes. Se me acercó descalza, con sus largas piernas, muslos fuertes y unos gemelos firmes. Se paró frente a mí y lo dejó caer al suelo. Me quitó la manta y comenzó a deshacerse de mi ropa mojada al tiempo que me inclinaba en su sofá. Sacó mis pantalones y mi tanga y comenzó a lamer mi tobillo con mi pierna en alto flexionada, se metió en medio de mis dos piernas y fue avanzando por todo el lado interno de mi rodilla, muslo,... mordiendo, besando, lamiendo... me hizo retorcerme con un soplidito recorriendo mi ingle y me dejó con las ganas de saber qué era capaz de hacer con su lengua entre mis piernas, pero eso me excitaba aún más. Cada uno de sus brazos a un lado de mi cuerpo subían la ropa hacia arriba mientras con su lengua y sus labios jugaba en el hueco de mi cadera. Acabé de quitarme la ropa y ella subía hacia mí, a cuatro patas como una pantera a punto de cazar a su víctima...mordía su labio y tenía una mirada que erizaba mi piel según se iba acercando. Sus manos agarraban mi cuerpo y su lengua se deslizaba desde mi ombligo hasta mi pecho, mi espalda se arqueaba de placer, cada vez estaba más cerca de mi piel y mis pezones empezaban a endurecerse. Mi respiración iba acelerándose. Su mano derecha subía por mi cintura mientras su lengua se entretenía haciendo círculos por mi areola rodeando mi pezón, su mano izquierda agarraba fuerte la mía con los dedos entrelazados. Alcanzó mi pecho agarrándolo con fuerza mientras mordía suavemente mis pezones. Mientras nuestras caderas cada vez bailaban más cerca, más acompasadas, más intensamente. Su lengua se entendía a la perfección con mis pezones, movimientos lentos, más rápidos, suaves, intensos,... Yo cada vez estaba más mojada, y notaba como su humedad se mezclaba con la mía. Ella agarró mi cuello y comenzó a besarme al tiempo que nuestras vulvas se deslizaban empapadas una sobre la otra. Agarré con mis manos el sofá con fuerza para no agarrar su espalda y destrozarla a arañazos, estaba cada vez más cachonda... Dibujó con sus dedos todo mi cuerpo y empezó a estimular  mi clítoris mientras me incorporaba un poco para alcanzar su cuello con mi boca, me costaba hasta morderlo porque mis gemidos eran cada vez más intensos. Yo masajeaba sus pechos y ella con la yema de su dedo me estaba haciendo perder el control...jugaba con mis labios, estimulaba mí clítoris despacio, al ritmo q movía su cadera, y de repente lo hacía rápido, en círculo, llevándome casi al orgasmo y reducía la velocidad poniéndome a cien y provocando que le rogara que continuara. Introdujo su dedo corazón buscando mi punto G al tiempo que con su pulgar seguía poniéndome más y más cachonda jugando con mi clítoris. Estaba completamente empapada. Tenía la boca totalmente seca de gemir. Agarré sus caderas y la atraje hacia mí, quería sentir todo su cuerpo pegado al mío. Clavé mis uñas en el sofá, abracé su cuerpo con mis piernas, rodeó mi cuerpo con sus brazos y empujó con fuerza mientras nuestras lenguas se enredaban...me costaba mucho no irme, y ella jugaba con los ritmos para que no me confiara. Cada vez se movía más rápido, me apretaba con fuerza  contra ella, agarró mi cadera y susurró en mi oído levemente “me voy...”. Nada más oírlo no pude evitar correrme con ella, agarré su espalda y nos fuimos juntas entre gritos y gemidos. Cerré los ojos e intentaba ir recobrando la respiración cuando noté que se apartaba de mí. Abrí los ojos y vi como resbalaba por mi cuerpo, pasaba sus brazos por debajo de mis piernas, se agarraba a mis caderas y comenzaba a estimularme de nuevo con su lengua... No pude evitar retorcerme, estaba a punto de volver a correrme... agarré su pelo con fuerza...uno de sus dedos entró dentro de mí a la vez que su lengua no dejaba de moverse, succionó levemente mi clítoris y tras volver a notar la punta de su lengua no pude contenerme... “sigue... sigue...” y volví a correrme esta vez aún más intensamente... Se tumbó sobre mí y nos estábamos quedando dormidas cuando sonó mi teléfono. Ni me acordaba de que había quedado para comer con mi jefa!!!

 

Xenia El Besovertical
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