Amor y sexo en la red

Me acuerdo aun de aquel tiempo en el que nos conocimos. Lo hicimos a través de las redes y de manera accidental. Era invierno cuando empezamos a escribirnos, a hablar una tarde y nos dieron las tantas de la madrugada hablando de todo. Teníamos respuestas y sonrisas, aunque no sabía bien como era esta última, pero la intentaba adivinar y descubrir. Nos dimos los teléfonos para salir de las redes y empezar a conocernos mejor. Un día que estaba en Getxo Comic decidí llamarte y juntos, dimos el gran salto. Era increíble, por fin iba a ponerte rostro, ya no solo iban a ser fotos ¿Seria verdad que eras tan bonita como en ellas? Me puse nervioso, pensando, en que acabara el día para poder ir a cenar y charla tantas horas como lo hacíamos por teléfono. Iban pasando los minutos y empezaste a estar indecisa…. que si, que no, que sí. Y yo como loco, pero al final, fuiste valiente y decidiste venir. Quedamos en la estación del metro. Ahora sí que estaba verdaderamente nervioso. Me mandabas mensajes diciéndome que estabas en la puerta y que donde estaba yo… estaba viéndote, mirándote, pero tú a mí no, y aproveche a gastarte alguna broma. Allí estabas…eras tú. Con tu abrigo rojo y levantando la cabeza del móvil de vez en cuando para ver si me veías. Estabas realmente bonita y era cierto, si, tenías una preciosa sonrisa. Nos presentamos con dos besos encantados de la vida. Pregunté ¿a dónde vamos?... “no sé donde quieras” dijiste, con voz dulce. Pregunté si no te importaba que fuéramos a mi casa, que tenía que recoger y dejar unas cosas. Fuimos en el coche hablando hasta llegar a Laredo. Allí, paramos a tomar una copa y a cenar algo. No teníamos prisa y decidimos pasear hasta El Puntal, lugar muy especial para mí. Y mientras hablábamos, pasaba el tiempo y yo me deshacía en deseos de besar tu boca, de acariciar tu pelo, de tocar tu cuerpo. No pude contenerme y mientras te recostabas sobre mi brazo derecho pensé en ser atrevido y besar tus labios. Y lo hice y para mi sorpresa, fui correspondido. A la par que acariciabas mi mejilla yo hacía lo mismo con tu cuello. Y seguimos besándonos durante bastante tiempo. Disfrutando de nuestras bocas. Decidimos ir andando desde El Puntal hasta mi casa, ya era tarde y no había ni un solo coche por la carretera, lo cual nos permitía ir abrazados y besarnos a cada paso. Era bonito. Era romántico. Toda la costa era para nosotros. Al entrar en casa, nos besamos mientras nos desnudábamos poco a poco. Besaba tu cuello a la vez que acariciaba tu pecho. Era sensacional. Era como estar en el paraíso con una mujer fantástica. Me excitaba sentir tu fina piel, sentir tus labios recorriendo mi cuello y pasando por mi boca de nuevo para después volver al mismo lugar… tenía la piel de gallina,,, poco a poco nos fuimos quedando más y más desnudos. Cada vez nuestras bocas iban recorriendo más y más rincones de nuestros cuerpos excitados. Nos tumbamos en la cama dejándonos llevar por el calor que sentíamos en nuestros sexos… estaban húmedos, deseando sentirnos el uno al otro. Agitabas el mío, lo cogías entre tus manos y lo acariciabas… Yo acariciaba tu sexo suave con la yema de los dedos mientras se humedecía más y más, buscando con ellos ese puntito especial que te haría gemir de placer. Muy despacio, muy suave, no había prisa. Besaba tu boca con esa lengua tan deseosa de jugar con la mía. Jugaba con mi otra mano a acariciar tu pelo y apartarlo de la cara para poder ver ese rostro tan bonito. Bajé muy despacio tu ropa interior, deslizándola entre tus finas piernas hasta los tobillos, besando a la vez tus pezones y mordisqueándolos con cuidado, sin llegar a apretarlos. Moviste las piernas para facilitarme el seguir acariciando tu sexo ardiente húmedo y deseoso de sentirme. Besé tus senos con pequeños y suaves besos, hasta llegar a tu zona más íntima la cual esperaba para ser mordida, saboreada, aspirada. Notaba tu sabor más íntimo y delicioso…mientras te cogía fuerte por las piernas…mientras agarrabas mí cabeza con tus manos y jugabas con mí pelo…mientras agitabas tus caderas moviéndolas en círculos para así, colaborar más con mis idas y venidas de lengua jugando con tu puntito…mientras te dejabas hacer locuras. Era un privilegio poder estar justamente allí. , Subí de nuevo entre tus largas piernas , bese tu ombligo… besé cada centímetro de tu cuerpo… besé tu boca que allí me esperaba ansiosa de lamer mi lengua y sentir tu propio sabor. Acariciaste mi sexo, jugaste con él. Sentí que era el momento. Me puse encima mientras mi pene rozaba tus piernas, para poco a poco ir dejándome entrar en ti. No había prisa, el cuerpo estaba preparado y nosotros ardíamos y sudábamos. Centímetro a centímetro mis 22 cm, estaban ya dentro de ti. Por fin. Me apretabas fuertemente entre tus nalgas para sentirme dentro. Te encantaba. Suspirabas, buscando mi boca en el fragor de la batalla sexual que teníamos entre tú y yo. Era un ir y venir de jadeos, de movimientos circulares para sentirnos, en una sola forma, en un solo ser, completamente entregados. Nos dimos la vuelta y entrelazamos nuestras manos. Tu encima con el poder de tus movimientos, tu mandabas en la velocidad e intensidad mientras yo levantaba mi cabeza para besar tus pechos desnudos y húmedos por mi saliva. Mordía tus pezones con deseo y entre jadeos me decías que te gustaba, que nunca te lo habían hecho así de rico. Y yo ponía más énfasis en ello. Cada vez nos movíamos más y más rápido. Era una locura de sensaciones,   cogerte por la cintura y forzar la penetración. Éramos más y más ardientes, dos locos del frenesí y de la lujuria. De los besos, los mordiscos, sin llegar a encontrar la boca, pero si el cuello, los labios, las mejillas, hasta que ya mmmmmmmmmmmmm…uno de los dos paro…mmmmm la locura se frenó, los movimientos eran cada vez más lentos pero más sensitivos. Cada centímetro que nos movíamos era un gemido de ferviente placer. Te recostaste sobre mi pecho jugando con mis pezones, mientras yo acariciaba tu pelo, pasaba mis dedos por tu espalda suavemente causándote escalofríos y sonrisas cómplices, sin palabras, solo caricias. La calma después de la tormenta. Sin movernos pero unidos por nuestros sexos. Hasta caer dormidos uno junto al otro.

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