Amanecer contigo

Te conocí en una fiesta a la cual me habían invitado. Mucha gente, muchas mujeres y hombres disfrutando de las risas, de las copas, del baile… una mujer destaca entre todas. Eres tú. Bailas, mueves tu cuerpo de vértigo, incitando al deseo, al morbo y a la perversión. Se te acercan los hombres pero no les haces caso, tú sigues disfrutando del baile. Hablas con unos y con otros.. me acerco con dos cervezas y te digo, “hola soy yo, tu nuevo novio. Ese que te hará reír y vibrar”… mi chulería llama tu atención y te doy una de las cervezas que llevo en la mano. Bailamos un rato y no haces más que mirarme, preguntándote que era lo que te llamaba la atención, aparte de mi seguridad. Así que me pides que vayamos a un lugar más apartado donde podamos hablar más tranquilamente. En un rincón de la fiesta, lejos de los altavoces, en un lugar oscuro. No pasa mucho tiempo hasta que de tanto acercarnos al oído para oírnos y oler nuestros perfumes y rozarnos con el pelo, nos besamos. Eres de esas mujeres que no se andan con tutibeos. Me agarras de la cintura y me pegas a ti, cojo con mis manos tu cuello y las subo por tu nuca, enredando tu pelo entre mis dedos y noto como a través de tu camiseta casi transparente que deja ver levemente tu lencería íntima, tus pezones se endurecen. Me arrodillo para levantar tu pierna por encima de mi hombro, me meto debajo de tu minifalda y aparto con dos dedos tu tanga, beso suavemente tu sexo húmedo y deseoso de placer, con ese sabor que me recuerda a las fresas con nata. Lo lamo muy despacio. Hacía tiempo que no tenías una aventura así. Juegas con mi pelo, mueves tu cintura contra la pared, me encanta como me aprietas contra tu sexo para que pueda llegar a lamer tu clítoris más fácilmente y así hacerte estallar. Aprieto tu culo con mis grandes manos para poder tener más precisión, hasta el punto de hacerte arañazos de lo bien que me está sabiendo. Me incorporo y te pongo cara a la pared, subo de nuevo tu minifalda y aparto el tanga, abro la cremallera de mi pantalón y saco mi pene duro y firme dispuesto a introducirlo suavemente entre tus piernas hasta adivinar donde está la humedad.. “esta fría” me dices ..”no te preocupes, enseguida me la calientas tu”, te contesto al oído. Nadie se fija en nosotros, estamos en un mundo aparte. Pones tu culo firme moviéndolo hacia atrás, porque quieres sentir más y más dentro mi sexo. Necesitas notarlo más fuertemente. “¿salimos de aquí?” preguntasté…”si” contesté… “quiero llevarte a disfrutar de mí, a un lugar mágico”…”asientes con la cabeza”. Es veranos y hace calor. En el coche no dejas de acariciarme, te inclinas hacia mi asiento y metes en tu boca mi pene, lamiéndolo con mucho cuidado. Mientras conduzco me vuelvo loco. Acaricio con mi mano libre tu sexo, meto y saco los dedos, notando la humedad entre mis dedos. Llegamos a la playa de Sopelana, el lugar donde había decidido llevarte para disfrutar conmigo de un sexo loco y salvaje, viendo salir el sol. Quería que nunca olvidaras el día que me conociste. Ni nuestra furtiva historia. No nos hacen falta palabras. Salgo del coche y como un caballero deseando tener entre sus brazos a la doncella de sus sueños, te abro tu puerta. Te miro y pregunto “¿confías en mí?”, ”sí” contestas… con un pequeño movimiento de cabeza y sin apartar tu mirada de mis ojos, saco unas esposas del coche y ato una de tus manos a la baca. Rasgo tu camiseta y empiezo a perderme en besos entre tus pequeños y excitados pechos. Los muerdo, los succiono hasta el punto de hacerles marcas…me encantan. Elevo la minifalda hasta tú cintura, observo tu ropa interior aprovechando para decirte que ese tanga blanco de encaje sobre tu piel morena, te sienta morbosamente bien. Te la arranco de un tirón, haciendo saltar los pequeños detalles de brillantes. Estás indefensa. Abres tus piernas y me empujas para que me arrodille y saborear de nuevo todo tu calor, tan intenso e interno. Atada tu mano a esas esposas de cuero rojo, te agarras a mí y subes tus piernas por encima de mis hombros. Me incorporo sujetándote en el aire, sin dejar de saborear un resquicio de ti. Mueves tu cuerpo, dejándote llevar por la excitación de la postura y de que yo haya encontrado ese punto que te hace revolverte de placer. Vuelvo a colocar suavemente, tus pies sobre la arena y de nuevo te doy la vuelta para volver a penetrarte como en la oscuridad de la fiesta. Más enérgicamente y sin frenos. Beso tu nuca, tu espalda, agarro tus pechos. Hace demasiado calor para esa hora, y nuestros cuerpos sudan. Intentas de nuevo echar tu cuerpo había atrás y poner tu culo en pompa, pero esta vez no te dejo. Quiero estar así y penetrarte mientras agarro con una mano y tiro de tu pelo liso y negro. Te gusta, lo sé. Lo noto en tu forma de agarrarme el culo con la mano que te queda libre. Me lo magreas, me lo sobas, me azotas, diciéndome que no pare… Agarro tus caderas hasta el punto de marcarte la piel. Frenética y agresivamente. Más y más violento. Aprieto tus senos, y lamo tu espalda de abajo a arriba, hasta la nuca, doblando mi cuerpo para poder mantenerme dentro de ti, para sentir como llegas al clímax. Para sentir nuestros cuerpos al límite. Sin censuras y con fuertes movimientos pélvicos, aprieto tu cuerpo contra el coche, para agarrarme a la barra del techo donde tú te encuentras esposada. Gimes de placer. Estas a las puertas del séptimo cielo…te llega un orgasmo pero prefieres reservarlo para que compartamos los dos el mismo climax…mmmmmmmm y otro y otro….nuestros orgasmos únidos en uno solo.. no queremos dejar de sentirlos. Giro tú la Cabeza tirando del pelo, para poder darte un beso largo, tocar tu lengua con la mía y que los dos sintamos nuestros gemidos más profundamente, dentro de nuestra bocas. Salé el sol. Estamos desnudos ante él, sin saber cuándo desapareció toda nuestra ropa.
k. grody
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